Por Felipe Guala, Jefe Área Trabajo y Desarrollo Humano, DPSC.
Cada 7 de octubre, la conmemoración de la Jornada Mundial del Trabajo Decente nos invita a hacer un alto en el camino para examinar no solo las cifras de empleo o los índices macroeconómicos, sino la dimensión humana, ético-valórica y espiritual del trabajo en nuestra sociedad. En esta oportunidad, la iniciativa eclesial española Iglesia por el Trabajo Decente nos ofrece una profunda reflexión bajo la consigna “Ante la exclusión, trabajo decente”, abordando un fenómeno que toca de forma dramática la realidad chilena: la crisis habitacional y su impacto en la dignidad de las y los trabajadores.
Desde la Delegación de Pastoral Social Caritas y a través de nuestra plataforma Sindical.cl, hemos insistido en que el trabajo no es una mera mercancía ni un simple medio de subsistencia financiera. El trabajo es, ante todo, vocación, espacio de desarrollo de la persona humana, fundamento de la vida familiar y pilar indispensable de la cohesión social. Sin embargo, nos encontramos ante una paradoja apremiante: para miles de familias en nuestro país, contar con un empleo formal ya no asegura superar la vulnerabilidad ni acceder a una vivienda digna.
Cuando el esfuerzo laboral no alcanza para un techo
El manifiesto de la Iglesia por el Trabajo Decente señala con lucidez que «cuando el derecho a la vivienda se subordina a la lógica especulativa, el trabajo pierde su capacidad de sostener una vida digna».
Esta observación cobra pleno sentido en el Chile de hoy. El alza constante en los arriendos, la exigencia de requisitos inalcanzables y la restricción del crédito hipotecario absorben una tajada desproporcionada del esfuerzo de las y los trabajadores. Aquello que técnicamente podría considerarse un salario mínimo o un ingreso ajustado a mercado deja de ser, en la práctica, un salario ético y digno si no permite cubrir las necesidades fundamentales del hogar.
Esta crisis golpea con singular rudeza a nuestra juventud. Frente a la narrativa que a menudo individualiza el éxito y promueve falsos ideales de prosperidad rápida, la realidad cotidiana de jóvenes trabajadores y trabajadoras se ve marcada por empleos precarios, falta de certidumbre a largo plazo y la imposibilidad de consolidar un proyecto de vida autónomo. La falta de vivienda accesible perpetúa y profundiza los círculos intergeneracionales de exclusión social.
Hacia un diálogo social centrado en el Bien Común
En su mensaje, la iniciativa eclesial rescata el documento Magnifica humanitas (nº 58) para recordarnos un principio clave del Magisterio de la Iglesia: “No basta con exaltar la libertad individual o la iniciativa privada, si después se acepta que una multitud de personas siga viviendo sin un trabajo digno, sin tutelas y sin acceso a los bienes fundamentales”.
La Doctrina Social de la Iglesia nos orienta a comprender que la economía y las políticas públicas deben estar rigurosamente subordinadas al Bien Común. Para las organizaciones sindicales, para las y los dirigentes, así como para el mundo empresarial y el Estado, este planteamiento exige ampliar la mirada en las mesas de diálogo y negociación colectiva:
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Repensar el Salario Digno: El valor de la remuneración debe ser analizado en directa relación con el costo real de la vida, garantizando no solo la nutrición o el transporte, sino la estabilidad habitacional de la familia trabajadora.
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Promover Empleo Estable y Conciliación: Es indispensable combatir la precarización, impulsando empleos estables y jornadas que faciliten una verdadera conciliación entre el trabajo, el descanso y la vida comunitaria y familiar.
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Exigir Políticas Públicas Integrales: Se requiere el desarrollo de políticas de vivienda asequible, ampliación del parque público de solución habitacional y marcos regulatorios que impidan la especulación desmedida con un derecho tan fundamental como el hogar.
Un llamado a la fraternidad y a la acción
Inspirados en la llamada universal del Papa a no limitar nuestra respuesta a acciones asistenciales de emergencia frente al déficit habitacional, sino a cultivar una actitud constante de compartir y de justicia distributiva, los invitamos a reflexionar en sus sindicatos y comunidades laborales: ¿Cómo podemos, desde el movimiento sindical y el diálogo social en Chile, articular la defensa del empleo con la exigencia de condiciones de vida integrales?
Construir un Chile más justo y fraterno requiere que el trabajo vuelva a ser la clave fundamental de la cuestión social, un medio efectivo para garantizar que ningún trabajador o trabajadora quede al margen de la dignidad que le es propia.
Puedes revisar la declaración de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente: AQUÍ.




